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sábado, 26 de junio de 2010


When I was a kid I used to pray every night for a new bicycle. Then I realised God doesn’t work that way, so I stole one and prayed for forgiveness.


Emo Philips

jueves, 10 de junio de 2010

¿Por qué corres, Ulises?


ULISES.- Para mí el mar es toda la libertad, la posibilidad, una eterna aventura. El único lugar en que se está desmemoriado y disponible. En el que se sirve sólo a la vida: siempre al alcance de la sorpresa, siempre a las órdenes del destino... Húmedo y limpio como un beso (NAUSICA lo interrumpe para besarlo.) Sin ancla, sin amarra, gobernado por vientos y vaivenes; súbdito de las olas que mecen o que matan... (Evadido.) Y se sueña. Se tiene todo el tiempo para soñar.
NAUSICA.- Qué bien hablas, querido... Oírte me abre otra vez la gana de abrazarte. (Lo abraza.) ¿Vamos ya?
ULISES.- Deja que te hable del mar. (Lo ha dicho entre el ruego y el reproche.) Misterioso, profundo, sin objeto. No como la tierra, de la que se puede decir: aquí se acaba... Es para hombres, el mar...
NAUSICA.- También la mujer es para hombres, creo (Caprichosa.)
ULISES.- En él sólo cabe defenderse o morir. Sin sepultura, como en la guerra...
NAUSICA.- Hagamos el amor y no la guerra; ese es mi lema.
ULISES.- Claro, tu no eres un hombre.
NAUSICA.- (Levantándose de nuevo.) Eso espero. Incluso preferiría no llegar a serlo nunca.
ULISES (Irónico.) ¿Es que no te gustan los hombres?
NAUSICA.- (Besándolo.) A la vista está. Pero también me gusta el whisky y prefiero beberlo a ser el whisky.
ULISES.- (Mirándola moverse ante él.) Eres un niña. Si te hubiera encontrado hace veinte años...
NAUSICA.- Hace veinte años te hubieras encontrado a mi madre ligeramente embarazada... Es mejor así. (Lo acaricia.)
ULISES.- (Con presunción y tristeza.) Pero hace veinte años yo era como un dios joven.
NAUSICA.- Y ahora eres como un dios maduro... Las perdices están mejor un poco pasaditas. La fruta verde deja áspera la boca. Tú, no. Me gustas como eres.
ULISES.- (Apesadumbrado) ¿Y dentro de veinte años?
NAUSICA.- ¿Quién habla de eso, ahora, cuando veinte minutos pueden dar tanto de sí...? (Pequeña sonrisa maliciosa.)


¿Por qué corres, Ulises? Antonio Gala

viernes, 28 de mayo de 2010


-¿ Sabes –concluye- lo que más me gusta de Cádiz?
-Claro. El licor de los cafés y el vino de las tiendas de montañeses.
-Eso también. Pero lo que me gusta de verdad es el olor a bodega de bergantín que tienen las calles: a salazones, a canela y a café… Olor de nuestra infancia, prima. De nuestras nostalgias… Y sobre todo, me gustan esos chaflanes de calles con un cartel donde hay pintado un barco sobre el mar verde o azul; y encima, el rótulo más bonito del mundo: Almacén de ultramarinos y coloniales.
-Eres un poeta, primo –ríe Lolita- Siempre lo dije.

Arturo Pérez-Reverte. El Asedio

jueves, 13 de mayo de 2010


La Casería es una de esas minúsculas partículas del universo. Un caserío desordenado de redes y azules, como una cuna que llora y se mece en el aire húmedo de la bahía. La Playa, sus huertos y hogares se sostienen sobre el fango de la mar de los pescadores y de los niños.
Allí la tierra se mueve. Más que una isla es un navío pintado hasta la mitad del casco de azul intenso y después de negro. Los sueños le caen sobre los hombros en los días de calma. El poniente los vuelve dulces y el levante locos.
Texto y Fotografía: Pedro Pablo Sara

martes, 27 de abril de 2010

En las pequeñas casitas de estilo andaluz en Tesalonica, los viejos sefardíes sueñan con la lengua no perdida:

«Porque de aquella boca salía la voz de una España antiquísima, perdida ya para nosotros, pero aún latente en quienes la conservaban hecha sonido. Sentía aquella lengua tan mía como la que había dejado hacía pocas semanas. Pero esta más honda, más llena de otras voces, de más evocaciones. Era el tiempo, los siglos quienes hablaban, y yo tenía el duro privilegio de escucharlo. […] Llorar por las palabras, por la gramática, a estas alturas de la vida. Qué cosas.»

Francisco Nuñez Roldan

miércoles, 24 de marzo de 2010

Los niños, sentados en rueda alrededor del poeta, preguntarán:
- Y todo eso, ¿lo viste? ¿Lo escuchaste?
- Si.
- ¿Estuviste allí? - preguntarán los niños.
- No. De los que estuvieron aquí, ninguno de los nuestros sobrevivió.
El poeta señalará las nubes en movimiento y el balanceo de las copas de los árboles.
- ¿Ven las lanzas? - preguntará- ¿Ven las patas de los caballos? ¿La lluvia de flechas? ¿El humo?
- Escuchen -dirá, y apoyará la oreja contra la tierra, llena de estampidos.
Y les enseñará a oler la historia en el viento, a tocarla en los piedras pulidas por el río y a conocerle el sabor mascando ciertas hierbas, así, sin apuro, como quien masca tristeza.
Eduardo Galeano