viernes, 13 de noviembre de 2009


- No me descubras este fenómeno, no me digas su nombre, no me lo describas. Déjame valorarlo sólo con los sentidos. No quiero que muera en la cárcel de las palabras. Y que lo recuerde idealizado, como un concepto frío y ajeno que flota en la acetona de la mente o como una descripción falsamente cálida, hijo de un artificio del hombre. Si no como una nebulosa de olores, visiones y sentimientos, que se funda conmigo, con esa parte del ser que hemos intentado atrapar con la palabra alma. Y que muera conmigo, para quién venga detrás de mi lo viva sin mancha ni corrupción de conocimiento, sin previo aviso, con la pagana felicidad de la inocencia más primitiva, y volver a ser por un instante el ser sin mácula que fuimos antes de empezar a hablar.

Y aquello que nunca sabremos que fue, transcurrió ante sus ojos, narices y sentidos, introduciéndose en ella para formar parte de su alma. Y aquello la cubrió para toda la vida, haciéndole feliz, confidente de un secreto del mundo, armonía del cosmos, y que aunque quisiese no podría desvelar. Pues no existían palabras ni conceptos para describir o nombrar tal cosa. Y al pasar de los años, escapó acompañando a su muerte, sonriendo alegré cuando atravesó los barrotes de aquel lugar al que el hombre había conseguido dominar con la palabra.

sábado, 3 de octubre de 2009

El Dragón de madera






Vestido con los cueros y aceros, Ragnar se apoyaba en la proa con forma de dragón de su drakkar. El día amanecía bañado en una niebla tan espesa como desesperante. El jarl golpeó frustrado la gastada madera.
- ¿Qué te ocurre viejo guerrero?
Ragnar miró con desdén la cabeza envuelta en bruma del dragón.
- No veo el arco iris, y quiero llegar a él. Mil aventuras me aguardan allí.
El barco sonrió con un crujir de maderas y cuerdas.
- ¿Y donde es eso Ragnar?
El viejo aventurero sintió el gruñido de la tierra a sus pies, agitada por el ataque constante de la Serpiente Hambrienta. Los sádicos dioses subidos a la copa del árbol universal se burlan de los hombres como niños eternos.
- ¡Odín! – El barco rió con chapoteo de remos amortiguados por la niebla – Nunca atravesaré el arco iris, pero el intentarlo abre las aguas ante mí.
El dragón no consiguió hablar de nuevo nunca más.

El Dios Blanco


Blanco era como la luz cegadora del medio día. Provenía de donde las montañas besan el mar. Los salvajes chibchas lo llamaron Nemqueteba y les enseñó a hacer crecer comida. En su continuo peregrinaje el Dios Blanco hacia florecer civilizaciones como bosques en el suelo de todos los suyus. Llegó al Perú y allí fue conocido como Viracocha, el ingeniero.
Oh Cuzco naciste bajo su mano, así como Pachacamac o Coricancha. La diferencia es primigenia y divina, un dios blanco y un pueblo de piel morena.
Pasó el tiempo y el Dios Blanco volvió en nubes sobre el océano. Pero esta vez arrasó los pueblos y construyó un Nuevo Mundo, desigual. El Dios Blanco se quedó para siempre y el pueblo de piel morena se arrastra bajo su auspicio.
El Dios Blanco lo da, el Dios Blanco lo quita. Nadie sabe que quiere Viracocha, pero Viracocha no se va.

miércoles, 15 de abril de 2009

Camino soñado


Aceptemos como afirmación que el hogar es ese sitio donde realmente encuentras paz, el lugar que al llegar tus sentidos se relajan, allí no existe ningún peligro. Con sólo oler su fragancia la mente deja de ser un constante martillar de sangre...

Ahora finjamos que ese lugar es físico, bueno... finjamos. Aceptado socialmente, es mi casa... ese piso en aquel edificio. Esa casa con jardín, ese almacén de recuerdos... Para tener una sensación constante de pertenencia, el frustrado y constante intento del ser humano por poseer lo imposeible, por racionalizar lo irracionable.

Después, con la demencia del loco, encuentras poca paz en los lugares que el mundo ofrece. Por lo menos durante poco tiempo. El corazón palpita con la expectación de un nuevo viaje. El alma sufre enfermedad de melancolía con estancia prolongada. El bastón aúlla en su retiro forzado. Tus cosas pueden ser transportadas en tu espalda y sólo importa el que tus pies puedan sostener el peso de tu cuerpo, de tu alma y el de tu vida a los hombros.

Llegados a este punto, la realidad se distorsiona. Lo enseñado, lo aprendido y lo visto se torna mentira, sutil e inocente pero mentira al fin y al cabo. Porque sólo puedo asociar dos términos que podrían llegar a ser lo mismo, sinónimos… aunque no exactamente. Simple, bailan en mi mente… no sé si busco uno y otro, no sé si van juntos, no sé si se aman o se odian. Si sientes lo mismo, sigue andando, yo… sigo andando… hogar y camino.

sábado, 28 de marzo de 2009

Cuando maté al destino


En el pantano celeste de mis ojos ahogué al destino…


- ¡Que te jodan maldito bastardo entrometido! ¡Mi libertad es mi único guía!


Y con los restos de su cuerpo mi alma se hizo un trono.

La nada y el despojo


Todo es una locura, una puta locura. La parsimonia clasista de un tiempo aceitoso que te tira de los pelos como mierda greñuda, algo rebuscado entre un buen montón de despojos humanos. Eso es, un saco de entrañas, vísceras y huesos, que a la mínima revienta putrefacto. Sí a ese bocado tan apetitoso le añadimos un aderezo a base de caos sentimental bien preparado en extravagante discusión con unos pensamientos peregrinos… me obtienen a mí o a usted.

¡Escúchame muerte andante!
Aférrate a algo para que puedas parecer si quiera importante…
Pues solo, no eres nada.

martes, 17 de marzo de 2009

El desarraigo del apátrida




Imaginad el rinconcito más pequeño de vuestro corazón, ese lugar fascinante donde sólo entras tú. Los dioses del porvenir se quedan a las puertas, no están invitados. La guerra de miradas, el combate constante de conciencias, la lucha infinita por mantenerte entero… todo en tregua. El camino se hace gelatina, por un momento, gelatina dulce. El aire huracanado que te exhorta a caminar un diita más se torna límpido líquido balsámico. Los roncos sonidos de un mundo violento son arrullos adormilados de un pájaro lejano, que huye hacia a ti buscando comprensión y horizontes. El humo de fuegos incombustibles que carbonizan la insoportable tarea es ahora hogar sosegado de acordes rurales, que alimentan tu espíritu más puro, ese que guardas en la cajita plateada que escondes bajo el plumaje. Los incansables demonios que intentan romper infinitamente el equilibrio del poeta, y arrastrarlo a la demencia más infame, se evaden del mundo, desterrados a los rincones llenos de azufre de unos dedos hechos a la pluma.

En la nada soy, hay algo cuando nadie me ve. En la lejanía de mi mente encontré un lugar físico impermeable, donde el año, el día y la suerte son cosa de leyenda. Y ahora que vuelvo a ser, empiezo a hacer.

martes, 11 de noviembre de 2008

Para no olvidar lo que soy

Para no olvidar nunca lo que soy, un trotamundos sin talento, un cuerpo que no sirve ni como recipiente de mi alma, que vuela libre fuera de mí como una estela invisible. Soy música silenciosa cantada por unos ojos fugaces, de sueño ligero pero fuerte, de mente despierta pero ensimismada, desquiciada. Desquiciada por el reinar de la ignorancia, por el paso del tiempo baldío, por la venda cada vez más gruesa que nubla los ojos del mundo.
No quiero olvidar por lo que lucho. Contra la indiferencia conformista del que tiene la barriga llena, contra la manipulación fácil de un pueblo dormido y contra la politización pueril de la vida, que comercia con el todo. Por la destrucción más hermosa jamás pensada, la de las barreras, la de la ignorancia. La destrucción del sistema que encauza la vida sin preguntar, lucho para reventar al estado que “racionaliza” el mundo, de eso, hablemos de razón. Lucho por destrozar la razón fría y calculadora, la que aplastó a los cuentos, mitos y leyendas, la asociada a mentes simples y complejas. Aniquilar también la irracionalidad nacida de los monstruos de la noche y el aislacionismo de las fronteras y el dinero.
Lucho por la libertad que nos compone, de esa inalcanzable. Que sólo se puede conseguir deshaciéndote de las cadenas que sufres desde tu nacimiento, llamada socialización. Por esa libertad que se consigue con el conocimiento y experiencia, pero sobre todo con la reflexión. Esa que es una conclusión definitiva, a la cual todo el mundo llega por sí solo. Somos libertad, alma es libertad, pero es frágil y hay que mimarla y cuidarla, vigilar que no le ataquen y mantenerla fuerte. Es asustadiza y hay que hacerle sentir segura. Por que siglos de ostracismo la han vuelto temerosa. Pero con ella, soy más poderoso que cualquier fuerza del universo.
Para no olvidar lo que soy, libertad y espada.

sábado, 9 de febrero de 2008

Imperios y estrellas

Observar el caer de estrellas es lo mismo que observar el caer de imperios, sólo cambia la belleza. Con cada estrella cae un sueño, con cada imperio cae una vida. Mi equilibrio es cimentar las estrellas con imperios, y colgar imperios de las estrellas. Pero es ahí cuando se pierde la libertad. Entonces ¿No existe el equilibrio? No, no existe, pues a veces es necesario que se derrumben imperios y tristemente es más necesario que se caigan muchas estrellas.
Yo vivo feliz en mi imperio observando mis estrellas, siempre dispuesto a construir y colgar de nuevo. Pues para eso estamos, para morir construyendo o morir colgado.

La congoja de no ser poeta

Ayer visité un país extraño. Recordé que no podía hacer poesía, no era lo mío. Lo mío era describir paisajes imposibles soñados en noches extrañas... que suelen ser casi todas. Como una burla a mi eterna lucha de voluntades, entre el yo que soy y el que debería ser. Al que nunca consigo alcanzar, dándome cuenta siempre que no soy una buena persona. No lloro, es muestra de debilidad, pero sucumbo como si fuera una fortaleza a mi orgullo... que es otra muestra de debilidad. Escribo esto mientras me da calor una manta eléctrica para mis dolores. Recordándome que soy una persona física y no el ente de fantasía que me gustaría.
Me comen el cerebro mis pensamientos como un virus informático. Mientras... lucho por tener un camino más sencillo por el que continuar. Rememoro ese país extraño del que comencé escribiendo. Un lugar donde los edificios se bambolean al son de las sonrisas de la gente para susurrarles anécdotas de hace miles de años, y alrededor de éstos... grandes colinas rosadas dan la bienvenida a los frescos árboles. El sol se podía eclipsar con una mano y administrar su luz cuando no necesitas tanta y se derrocha en banalidades. Con la otra mano lo guardas en el bolsillo de la chaqueta, para tener maravilloso albor en momentos oscuros, que me asedian demasiadas veces.
Muero por tener alma de poeta y poder transmitirlo en verso y crear con ello un sentimiento, que siempre perdurase. Nunca he sido bueno en nada... ni siquiera en amar. Ese impulso asqueroso del cerebro que te hace sentir amargamente inútil cuando siempre hay gente con más fuerza de voluntad. Joder, sí que era difícil no poder ser más fuerte. Supongo que soy especial, sobre todo en eso... en no ser especial.
Camino bien por la vida, tengo un buen par de zapatos de suela gorda y un machete afilado para cortar la maleza que me estorba al caminar. Un conocimiento básico de la vida y una vista que alcanza lejos, muy lejos. Tengo dos pies, uno da un paso dichoso y otro lo da amargo, para recordar siempre quien soy, el juglar sin talento, que conmueve en su congoja. La congoja de no ser poeta...