jueves, 12 de mayo de 2011

La continua violación de los perdedores (o la verdad de las infinitas comillas)



En una mal llamada “mansión” a 60 km de la capital pakistaní supuestamente “ha muerto” abatido a tiros el nuevo “Gerónimo”.

Gerónimo fue el último jefe apache que luchó en la “conquista” del Oeste contra los hoy llamados “americanos”. Y fue este jefe que se opuso a vivir en una “reserva” y traspasó la “frontera” de México con Estados Unidos tantas veces, y que terminó siendo una atracción de feria para sus captores.

Y es ahora cuando “Gerónimo” vuelve a “morir”, cansado el gobierno americano de que sea una atracción de feria, pues ha perdido popularidad y un nuevo “Gerónimo” tiene que ocupar su lugar.

Por tu memoria Gerónimo, por tus deseos de vivir libre y porque tu nombre sea solo tuyo y no siga siendo violado.

martes, 3 de mayo de 2011

Esclavos de la libertad


Es 13 de mayo de 1888 o eso reza en los periódicos. Para Gali “el bobo” no significa nada, nació de esclavos y como esclavo ha vivido en un ingenio toda su vida. Del bohío a las plantaciones, a dejarse las manos a machetazos cortando caña de azúcar y al anochecer, de nuevo al bohío. Le llaman “el bobo” porque nunca habla, ni opina, solo mira.

Ahora Gali observa como todos los negritos de Itaíba en el nordeste brasileño bailan y cantan felices. Los jóvenes susurran que Gali como siempre, esta bobo y que no se entera de nada, que aún no sabe que es libre y que la esclavitud ha sido abolida en Brasil, siendo junto con España los dos últimos países en hacerlo. Pero Gali lo sabe y piensa, piensa lo que ningún otro negrito ha pensado aún. ¿Qué va a hacer ahora sin trabajar en el ingenio? Gali no sabe hacer otra cosa que cortar y cargar azúcar con el machete, y es entonces cuando Gali corre, corre tierra adentro, corriendo como un viejo cimarrón.

Al poco, los miedos de Gali se hacen realidad. Los negritos pasan a ocupar las filas de los pobres, se amontonan en las ciudades, sin oficio, sin trabajo, los negritos pasan hambre. Igual que antes, no se llaman personas, son los sin tierra, los brazos, las espaldas. Trabajan en las mismas condiciones que en los ingenios y las plantaciones pero no reciben apenas dinero, ni para comer ni para un techo, amontonados en pudrideros de miseria. Pero los presidentes brasileños se dan las manos, felices, ahora han pasado a la modernidad y su pueblo es libre.

De Gali se dice que de bobo se lo comió un yacaré en la selva, otros sin embargo dicen, que Gali no era bobo y que de tanto observar, se fundió con la tierra y así como dejándose llevar, volvió a África, a nacer de nuevo.

Los sueños de Santa Clara


Se desluce el cielo caribeño con el humo de Santa Clara. El regimiento se ha ido retirando hacia sus puntos más fuertes, la central de policía y el cuartel. Se corre la voz, galopando por las lenguas alegres. La victoria rebelde es un hecho.

El tren blindado descarrilado, las columnas de refugiados, los cuerpos amontonados y las canciones victoriosas bombardean las calles. ¿Cuánto tiempo? ¿Dos años quizás? Mucho tiempo comiendo sueños y meando sangre en las montañas. Para Miguelito “Cabrón” había sido un tiempo divertido, no había tenido que trabajar por una miseria mirando la cara sonriente del sacarócrata de turno. Ahora los había matado a todos, matado con cada sacudida del rifle al disparar, saboreando el dolor punzante del retroceso en su hombro.

Todos observan a los soldados desde la Universidad Central de las Villas, chupando sus cigarros, quemando la vida que se les regala tras cada combate. Nadie habla, el silencio fecunda el aire preñándolo de miradas.

Él por allí anda, solo por la calle hacia el enemigo, con su pipa centelleando entre sus dientes dejando estela dulzona y bonita. Y es cuando Miguelito “Cabrón” y sus compadres se preguntan, de qué mundo de sueños ha salido ese argentino loco.

(Rescatada del blog "Corriendo la Vida")

Por Carlos Chaplin

sábado, 30 de abril de 2011

Bolivia, años 80, la década pérdida

En una de las zonas más pobres de La Paz, Bolivia, conocida como San José Carpinteros, una madre decide si sus hijos pueden comer hoy o no. Juanita a sus hijos no les da de desayunar, es un lujo prescindible, solo el almuerzo y a veces, un poquito de cenar. Su mirada brava, de mujer dolida con la vida, se ilumina cuando habla con sus vecinos “Para comer, me las tengo que arreglar como puedo, porque los niños no pueden pasar sin comer” su falta de sueño y de alimentos se arremolinan entre sus dientes, como un eco de su deshabitado estomago, “los adultos si nos la podemos arreglar sin comida cuando no hay”. Y así, sus hijos se aferran a sus faldas, mirando sin mirar, a un mundo que desde antes de nacer, ya los aborrecía.

Por otro lado, Estados Unidos regaña a Bolivia como un hijo descarriado. Los campos de coca florecen por todo el país como un niño picado de sarampión. Para el campesinado pobre, que lo máximo que podría ahorrar en un año sin gastar nada son 160 míseros dólares, la promesa de 10.000 dólares anuales por cosechar y vender coca (50.000 si también la comercializa) es demasiado tentadora. Y los gringos, idiotas, ofrecen 360 dólares a los campesinos que dejen de cultivar coca. Por supuesto, nadie lo hace.

El Tío Sam estalla, enfadado manda sus militares a erradicar esa plaga, y se queman los campos de coca, pero estos se esquivan, y donde antes había uno, ahora dos y luego, escondidos, surgen cinco más. Pero a la vez se arrasan cultivos de comestibles y la miseria del boliviano no tiene fin. Pero, lo que no saben los gringos es, que la economía clandestina ocupa ya un tercio de la economía total del país y los narcogenerales sonríen en la foto, cómplices, sabiendo que ellos mismos se enriquecen con el negocio de la “nieve andina”.

La crisis de la deuda fue creada por los dictadores bolivianos a los que Estados Unidos daba empréstitos, y confabulados saqueaban las riquezas del país. Por otro lado los recortes impuestos por el Fondo Monetario Internacional ahoga aún más a los bolivianos. Y así nace la coca… consumida por Estados Unidos que crece casi un 100% en su demanda cada año.

Y mientras Juanita en San José Carpinteros no compra azúcar porque si lo hace, no tiene para arroz que es su comida de todos los días. Y cocinando el preciado alimento susurra “voy a dar mis hijos a alguien”, pero luego piensa en que sin ellos su vida no tiene sentido y entonces llora, mientras el hijo menor le acompaña, berreando de puro dolor de hambre.

jueves, 28 de abril de 2011

Anoche soñé contigo y durante el día se repitió tu mirada, en las esquinas encaladas de reproches y en las ventanas que soñadoras miran al cielo. Son tus maldiciones las que uso para frotarme el cuerpo y empapado, escalo por el recuerdo de tu reguero de desgracia. Y es sobre ti, caprichosa, donde volaré hacia mi lejano interior.

A ti siempre te odiaré eterna compañera, ya que de nuestro odio nace la belleza.

A ti invento de locos, a ti vida.

A ti, vida.

Cuentan los desgraciados que la gracia nunca los quiso, dicen los agraciados que ellos nunca la llamaron. Yo siempre he bailado con ella entre vaivenes ásperos de pasos sencillos, oscilando entre la ventura y la desventura. Ahora y siempre, supongo que tanto una como otra son regalos de la gracia, unos se disfrutan y otros dañan hasta sangrar y aprender. Todo, siempre, depende del punto de vista.

martes, 26 de abril de 2011

Viviendo otras vidas

Sus ojos rasgados a cuchillo por un dios primitivo renacen desde otras vidas ya olvidadas, o aún no inventadas. Se cae el velo hecho con polvo de estrella que separa en compartimentos estancos el espacio y el tiempo. Y la reconozco, de antes de nacer, y de morir y de nacer de nuevo… hace ya tanto o a lo mejor dentro de mucho, no lo sé.

Se raja mi mejilla en una sonrisa incontrolable. Nos reconocemos y susurrando decimos a la vez “eres tú”, con miedo a despertar al guardián que se ha olvidado de separar nuestros destinos.

Es en ese beso donde se culmina el “casi”, ese “casi” que convierte en orgasmo una violada negación. Se mezclan los placeres, compartidos en ese diminuto lugar que de pronto había reunido otros mundos, otras vidas, desafiando a ese destino caprichoso. Nos descuartizamos el alma mutuamente, y como dulce melaza nos lamemos las heridas con la punta húmeda de nuestras lenguas.

El sol despierta tiroteando la persiana y las vidas del ahora vuelven violentas. Ella se va en un desfile de diablos con el corazón abierto, herida por sus yo de otras vidas.

Yo por mi parte, abandonado y aturdido, me fundo entre sabanas chivatas de noches prohibidas.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Se me ha olvidado escribir ¿como se hacia?
Lo vivido se había consumido deprisa. Los años, mirando atrás, eran recuerditos de otras personas, como cuadros viejos y solemnes. Me aferro a lo que puedo, ando igual, visto y manejo el coche igual, sigo el mismo ritual diario, ducha, cepillo de dientes y desayuno. Pero ya nada era lo mismo. Y la jodida me mira desde la mesa, engrasada y lista, junto a mi carta de renuncia. Había tomado conciencia de mi mismo, era hora de tomar las calles.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Me mira y nos miramos, la miro y le miro serio, casi dramático.

- ¿Sabes lo que quiero y lo que no quiero?

Ella se confía, amplia su boca, se le congelan los labios en una sonrisa. Me niega con la cabeza, y sus pestañas me urgen a a continuar.

- Quiero el fuego, la incertidumbre explosiva que precede a un beso inminente. Quiero la ilusión y la fuerza del sentimiento, correr con el corazón preñado de alegrías. Quiero echar de menos las caricias solo un segundo después de haberlas sentido, quiero oler a tu sexo o que solo me lo parezca, da igual.

Ella revienta, y se me viene devoradora tras palabras tan apetitosas, pero mis dedos la frenan posándose en su nariz respingona.

- No quiero la estupidez que caracteriza la mente humana, su idiotez extrema, su racionalidad absurda, su irracionalidad sin sentido ni prevención. No quiero sentimientos de propiedad, no quiero celos, no quiero mañanas incómodas, no quiero compromisos que me aten y me lleven lejos de mis sueños y me marchiten poco a poco, viniendo como sin querer pero viniendo jodiendo.

Ella se sorprende y me mira con ojos confusos.

- Joder lo que quiero es un puto perro.